La falta de planeación efectiva y el crecimiento descontrolado incrementan la vulnerabilidad de la ciudad frente a fenómenos climáticos extremos y afectan los servicios públicos esenciales.
La proliferación urbana sin una planificación adecuada ha generado un deterioro en los servicios públicos básicos, particularmente en el drenaje pluvial, que recibe una calificación ciudadana de solo 6.8 en una reciente evaluación. La expansión descontrolada, que incluye construcciones en arroyos, laderas y la reducción de áreas verdes, impide que el agua tenga caminos naturales para su absorción, provocando inundaciones y daños en infraestructura y viviendas durante lluvias intensas.
Estas problemáticas se vuelven aún más evidentes en el contexto del cambio climático, que incrementa la frecuencia y severidad de eventos extremos. La urbanización en zonas vulnerables y la falta de inversión en sistemas de drenaje modernos exacerban los diversos riesgos que enfrentan las ciudades, particularmente en áreas metropolitanas. La capacidad de los gobiernos municipales para responder a estas crisis se limita por recursos insuficientes y una visión territorial equivocada, que prioriza el crecimiento sin control en detrimento de la sustentabilidad.
Expertos advierten que la única manera de revertir esta tendencia es adoptar una estrategia integral de planeación urbana, que contemple la conservación de cauces naturales, la recuperación de espacios verdes y la inversión en infraestructura resiliente. Sin estos esfuerzos, la ciudad continuará enfrentando graves consecuencias, poniendo en peligro a sus habitantes y deteriorando aún más su calidad de vida.
