A los 61 años, el autor comparte su perspectiva sobre la vida y la aceptación de las derrotas. Con el título tentativo “Elogio de la Derrota”, reflexiona sobre sus vivencias y los temores que sentía ante el amor y las relaciones interpersonales. La vida, aunque marcada por luchas y fracasos, también trae momentos de claridad.
El autor menciona la enseñanza cultural que sostiene que el éxito es prerrogativa de quienes jamás se rinden. Sin embargo, considera esta filosofía como errónea y reciclada, donde la perseverancia se confunde con la valía. En sus ojos, el temor es parte de la esperanza y viceversa, tal como expresaba Baruch de Spinoza.
Al llegar a esta etapa madura de su vida, el protagonista siente que ha perdido casi todo lo material, pero aún guarda un tesoro invaluable: el amor por sus seres queridos y la pasión por la vida. A medida que explora la idea de la mortalidad, reflexiona sobre el amor que se lleva consigo y su significado al final del camino.
A través de un diálogo imaginativo con Jazmín, una musa que representa sus anhelos y deseos, el autor revela un lado más suave de su existencia. Aunque a menudo distraído, muestra su aprecio a las conexiones afectivas, destacando la importancia de disfrutar cada momento antes de que sea demasiado tarde.
Mientras el autor se enfrenta a su propia relación con el tiempo y la muerte, se aferra a la idea de vivir auténticamente. Con una mezcla de melancolía y esperanza, concluye que, a pesar de las derrotas y pérdidas, cada experiencia forma parte de su evolución y crecimiento personal.
Con información de vanguardia.com.mx

