La actividad física regular mejora la salud cardiovascular y reduce riesgos a largo plazo en quienes superaron esta enfermedad en la infancia. Los niños que logran superar el cáncer en la infancia enfrentan un mayor riesgo de complicaciones de salud a lo largo de sus vidas. La ciencia indica que mantener una rutina de actividad física puede ser clave para mejorar su bienestar general. La realización regular de ejercicio, especialmente aeróbico y de fuerza, ayuda a preservar funciones cardíacas y disminuir la probabilidad de efectos adversos tardíos, como daño en el sistema vascular o neurológico. Recientes estudios han demostrado que los jóvenes que mantienen niveles de actividad física presentan menor incidencia de enfermedades cardiovasculares y mejor resistencia física, lo que también puede traducirse en mayor calidad de vida en la edad adulta. La importancia de adoptar estilos de vida saludables desde la infancia se vuelve fundamental para reducir la mortalidad y promover una recuperación integral. En el contexto actual, la incorporación de programas de ejercicio adaptados para este grupo debe ser considerada como parte esencial en su seguimiento médico, favoreciendo así su recuperación y bienestar a largo plazo.
