Elías Piña, República Dominicana. – En medio de la cuenca del río Joca, el Centro Vocacional San José se erige como una luz de esperanza para los niños de 13 comunidades fronterizas, quienes encuentran en el régimen de seminternado una oportunidad de educación. Cada lunes, los estudiantes llegan a la escuela y regresan a casa los viernes.
El camino hacia el centro educativo es arduo, con trayectos que pueden durar hasta cuatro horas a pie o montados en animales. Este centro, fundado en 2017, busca combatir la deserción escolar. Las alternativas para estos niños son limitadas, ya que en sus localidades, muchos apenas logran completar el tercer grado de primaria y son forzados a trabajar en tareas agrícolas desde temprana edad.
José Sainz, director del centro, afirma que el internado es una necesidad imperativa. Este modelo educativo no solo se enfoca en habilidades académicas, sino también en fomentar hábitos de vida y convivencia. Muchos estudiantes provienen de contextos donde las instalaciones básicas, como hospitales y servicios de agua, son casi inexistentes, lo que limita su desarrollo integral.
A nivel nacional, la educación con modalidad de internado ha disminuido, pero en regiones como Elías Piña sigue siendo esencial. La experiencia vivida por los estudiantes en el Centro Vocacional San José es reflejada en su crecimiento y progreso. El internado ha mostrado resultados positivos, ayudando a erradicar problemas como el embarazo adolescente en comunidades donde antes era común.
El futuro del transporte y las condiciones de acceso al centro presentan desafíos, resaltando la necesidad de mayores inversiones para garantizar la continuidad del programa. Sin embargo, tanto educadores como padres están comprometidos a seguir luchando por un futuro más brillante para sus hijos y a enfrentar las adversidades con determinación.

