A ocho años del sismo del 19S, varios inmuebles patrimoniales aún continúan en estado de deterioro por disputas y normativas de conservación.
El terremoto de magnitud 7.1 ocurrido el 19 de septiembre de 2017 dejó huellas profundas en Puebla, dejando en evidencia la vulnerabilidad de varios bienes patrimoniales. Entre estos, una casona del siglo XVIII en Izúcar de Matamoros, donde José Vasconcelos pronunció un discurso durante su campaña presidencial, permanece en completo abandono y en avanzado estado de deterioro. La estructura, que ahora funciona como refugio de indigentes y personas en situación de calle, muestra grietas, basura acumulada y árboles que crecen en sus alrededores, evidenciando décadas de neglect.
Expertos en historia y protección del patrimonio señalan que el principal obstáculo para su restauración es un litigio familiar sumado a las estrictas regulaciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que exige conservar la fisonomía original del inmueble. Esto impide su demolición o reconstrucción sin seguir procedimientos rigurosos, limitando las acciones de los particulares.
En un contexto similar, otra estructura afectada desde hace ocho años es la terminal de autobuses SUR, en las calles Hidalgo y Ocampo, cuyas paredes supportadas por polines se mantienen en riesgo debido a las secuelas del sismo. La complacencia social y la adaptación a la situación han llevado a que, pese a los peligros potenciales, los habitantes continúen con su vida cotidiana sin tomar mayores precauciones.
Pese a que el Gobierno invirtió cerca de 800 millones de pesos en la reparación de iglesias y edificios gubernamentales en la región, muchas propiedades de carácter privado permanecen en estado de abandono por la falta de recursos y de voluntad para su restauración. La incertidumbre y el paso del tiempo mantienen en peligro a estas construcciones, símbolo del patrimonio cultural y la historia local.
El impacto del sismo en la vida de las comunidades va más allá de los daños estructurales. Testimonios de residentes y sobrevivientes reflejan un recuerdo vívido de aquella tarde, marcada por angustia y pérdidas. Muchos aún enfrentan los retos de reconstruir sus hogares y vidas, mientras que las estructuras emblemáticas siguen en espera de un destino determinado, símbolo de la resistencia y la memoria de Puebla.
