Expertos señalan que la exploración y producción de gas natural mediante fractura hidráulica requiere años de trabajo y enfrentará retos tecnológicos y ambientales.
México mantiene una dependencia significativa del gas natural importado de Estados Unidos, en particular de Texas, que abastece aproximadamente el 75% del consumo nacional. Aunque el país posee reservas potenciales de gas en el Golfo de México y en yacimientos no convencionales, el proceso para desarrollar el fracking, una técnica crucial para explotar estos recursos, requiere inversiones prolongadas y una infraestructura especializada. La exploración y el establecimiento de una producción sostenida podrían llevar al menos cinco años, además de enfrentar desafíos en regulación, competencia de costos y impacto ambiental, especialmente en el uso del agua y la protección de acuíferos. La actual limitada experiencia de Pemex en fracking y la incertidumbre jurídica dificultan acelerar esta transición. Expertos coinciden en que, si bien el potencial es alto, la realidad es que México seguirá dependiendo en gran medida de importaciones hasta que estas inversiones maduren y la técnica sea viable a escala nacional, buscando mejorar su seguridad energética y su soberanía en el suministro de gas natural.
