A dos años de su gobierno, la administración de Claudia Sheinbaum mantiene una narrativa desgastada frente a conflictos crecientes y una opinión pública cambiante.
El mandato de la Cuarta Transformación ha logrado consolidar un relato que dominó el escenario político durante sus primeros años, pero la actual situación evidencia que esa narrativa ya no resulta efectiva. Con el paso del tiempo, el contexto social y político ha evolucionado, y los principales adversarios del gobierno han cambiado, así como la percepción de la ciudadanía.
La población más joven, que no vivió los hechos del pasado inmediato, ahora en su mayoría relaciona los problemas actuales con la etapa de la administración de AMLO en lugar del pasado de la oposición. La continuidad en algunos cuadros del gobierno y los cambios en los protagonistas adversos dificultan que se mantenga la misma estrategia discursiva.
A pesar de los intentos por reforzar un discurso basado en el nacionalismo y la soberanía, las crecientes crisis en seguridad, economía y salud han desmoralizado a la opinión pública y han puesto en jaque la credibilidad del gobierno. La presión desde distintos sectores ha pedido a la presidenta Sheinbaum revisar su enfoque, pero hasta ahora no hay señales de que considere cambios significativos.
En este escenario, la narrativa repetitiva y los enfrentamientos con “villanos” tradicionales parecen quedar cortos frente a los nuevos desafíos. La gestión actual requiere un abordaje distinto para reconquistar la confianza y ofrecer soluciones efectivas ante una realidad compleja.
