La tradición de sembrar la flor en comunidades hidalguenses enfrenta altos costos, bajos precios y cambios climáticos que amenazan su continuidad. El cultivo de cempasúchil en Hidalgo, una tradición que se remonta a generaciones, enfrenta duras dificultades económicas que amenazan su continuidad. Los campesinos dedican meses de trabajo y una inversión significativa a la siembra y cuidado de la flor, fundamental para la celebración del Día de Muertos, pero los bajos precios en el mercado y los costos elevados hacen que, en muchas ocasiones, sólo recuperen sus gastos sin obtener ganancia. La fluctuación de la oferta y las condiciones climáticas adversas, como las lluvias excesivas, complican aún más el ciclo agrícola, que requiere de atención constante y recursos que muchos agricultores no pueden costear. A esto se suma la escasez de apoyo gubernamental y las dificultades para acceder a tecnología especializada, lo que reduce la competitividad y la sustentabilidad de los productores en la región del Valle del Mezquital. Pese a estas adversidades, los agricultores mantienen viva la tradición por amor a la tierra y a preservar una parte importante del patrimonio cultural mexicano.
