La inflación, alza en impuestos y empleo débil definirán un inicio de año adverso para el consumo en México.
El inicio de 2026 presenta un panorama complejo para las familias mexicanas, quienes enfrentan una de las dificultades económicas más significativas en los últimos años. La combinación de una inflación persistente, que se estima superará el 4% en los primeros meses del año, junto con incrementos en impuestos y tarifas de servicios gubernamentales, proyecta una cuesta de enero especialmente pesada. Esta situación obliga a las familias a ajustar sus hábitos de consumo, priorizando productos y servicios más económicos, y reduciendo gastos en artículos considerados de primera necesidad o lujo.
Adicionalmente, el mercado laboral continúa mostrando signos de fragilidad. Los datos indican una caída en el empleo formal durante el tercer trimestre, con un incremento en la informalidad y salarios más bajos en este sector. La pérdida de empleos y la disminución en remesas, que ya evidencian una tendencia a la baja, limitan la capacidad de gasto de los hogares. La economía mexicana, que se prevé crezca solo un 0.8% en 2026, enfrenta un entorno de baja dinámica económica y condiciones laborales precarias, lo que refuerza la importancia de adoptar medidas de resiliencia financiera.
Es importante destacar que este escenario no solo refleja un ajuste temporal, sino también un reto estructural que pone a prueba la capacidad de las familias mexicanas para mantener su estabilidad económica. La experiencia del año pasado, marcado por una inflación elevada y un mercado laboral debilitado, muestra la necesidad de una estrategia integral para enfrentar estos desafíos y aliviar la carga económica sobre las familias.
