Ciudad de México. – La crisis económica en Cuba se agrava ante la reducción de los envíos de crudo venezolano, principal fuente de energía de la isla, como consecuencia del incremento de la presión de Estados Unidos sobre la llamada “flota fantasma” venezolana. Esta situación amenaza con intensificar la crisis energética cubana y acelerar un deterioro económico que ya parece estructural. Históricamente, el Convenio Integral de Cooperación Cuba–Venezuela, firmado en el 2000, estableció un intercambio donde Caracas pagaba servicios profesionales cubanos, especialmente en el sector salud y educación, con envíos de petróleo. Venezuela se consolidó así como el principal proveedor energético de Cuba, jugando un papel de sostén económico externo con motivaciones geopolíticas. A pesar de que el volumen de los envíos venezolanos ha variado, especialistas señalan una disminución sostenida en la última década, atribuida tanto a la caída en la producción venezolana como al endurecimiento de las sanciones estadounidenses. El economista y politólogo cubano Arturo López-Levy interpreta la ofensiva de Estados Unidos contra la “flota fantasma” venezolana como una estrategia dirigida a ejercer presión sobre el gobierno de Cuba, con una prioridad comparable, o incluso mayor, a la de Nicolás Maduro. Según esta visión, se busca desestabilizar a ambos gobiernos bajo el concepto de “Castro-chavismo”. Cuba requiere entre 110,000 y 120,000 barriles diarios de petróleo para satisfacer su demanda energética, de los cuales solo unos 40,000 son de producción nacional. Las importaciones son cruciales, pero las cifras de Venezuela han caído drásticamente, promediando unos 27,000 barriles diarios en 2025, según datos de Reuters. Este déficit se traduce en apagones prolongados, paralización de industrias y escasez de combustible, a pesar de algunos apoyos externos, insuficientes ante la falta de divisas para compras en el mercado internacional. Ante el desplome del suministro venezolano, Cuba ha bu
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