La situación de la universidad pública en España es cada vez más crítica, con niveles de absentismo que alcanzan hasta el 50%. Este fenómeno ha sido vinculado tanto al contexto de la pandemia como a la implementación del plan Bolonia. Muchos estudiantes consideran que las clases son poco útiles, ya que los docentes a menudo se limitan a leer presentaciones sin una interacción significativa.
La ministra de Universidades, Diana Morant, ha presentado un nuevo Estatuto del Estudiante que busca dar mayor poder a los alumnos sobre los contenidos académicos. Sin embargo, este enfoque suscita dudas sobre su efectividad. Al igual que un paciente no puede dictar la metodología a un cirujano, los estudiantes tampoco deberían decidir cómo deben enseñarse las materias.
Es fundamental recordar que los estudiantes tienen la capacidad de seleccionar la carrera y la universidad de su elección. Este poder ya debería motivar al Gobierno a enfocarse en la calidad de la enseñanza universitaria. En lugar de atraer a los alumnos con promesas vacías, se requiere una evaluación externa rigurosa de los programas académicos, considerando la empleabilidad de los graduados.
El creciente absentismo escolar es un signo de alerta que implica profundizar en las causas. El sistema actual recompensa la publicación de investigaciones más que la calidad docente, dejando a los profesores presionados para dedicarse a la investigación en lugar de enfocarse en la enseñanza efectiva.
Mientras tanto, la educación superior privada sigue en aumento. La solución no es derribar a las universidades privadas, sino mejorar las públicas mediante evaluaciones que premien la calidad educativa. Sin medidas claras, el riesgo es que la universidad pública continúe deteriorándose, repitiendo la historia del doctor Ambrosius, quién en su intento de erradicar a los vampiros, vio un mayor crecimiento de estos.
Con información de abc.es

