La reciente propuesta de recortar el calendario escolar ha generado controversia, reflejando la falta de atención hacia las necesidades de la niñez en México. Esta situación no es nueva, sino el resultado de un patrón de decisiones que han erosionado las estructuras de apoyo a los menores a lo largo de los años.
El cierre de más de 9 mil estancias infantiles dejó a 330 mil niños sin acceso a servicios fundamentales, impactando especialmente a las madres trabajadoras que carecen de alternativas. Además, la eliminación de las escuelas de tiempo completo afectó a 3.6 millones de niños en zonas vulnerables, quienes dependían de ellas no solo para la educación, sino también para una alimentación adecuada y un ambiente seguro.
La pandemia exacerbó la crisis, alargando el cierre de escuelas hasta casi dos años, lo que contribuyó al aumento del rezago educativo. Actualmente, un alarmante 30% de los adolescentes enfrenta dificultades académicas, lo que pone en riesgo su futuro.
En términos de salud, la situación es igualmente grave. La cobertura de vacunación ha caído drásticamente; en seis años, la protección contra el sarampión se redujo del 99% al 69%. Esta falta de atención ha permitido el resurgimiento de enfermedades erradicadas, mientras que el sistema de salud lucha por ofrecer lo más básico.
Los datos de seguridad también son preocupantes. La desaparición de menores ha aumentado significativamente, pasando de 599 casos en 2018 a 2,053 en 2025. Este fenómeno está ligado al reclutamiento de jóvenes por el crimen organizado, que aprovecha la vulnerabilidad en las comunidades más afectadas. La realidad de muchos niños, como el de “Juanito Pistolas”, evidencia la gravedad de una situación que tiene años de desatención.
Es imperativo que la atención a la infancia no sea solo retórica. Se requiere una planificación presupuestaria, infraestructura adecuada y políticas públicas efectivas que garanticen el bienestar y el desarrollo integral de las generaciones más jóvenes.
Con información de eluniversal.com.mx

