El crecimiento acelerado de las grandes urbes en México, como la conurbación de Saltillo y Monterrey, presenta un desafío significativo para la gobernanza. Este fenómeno se intensificará en diversas regiones, generando ciudades-región que demandan atención en términos de orden y gestión eficiente. Sin embargo, la ausencia de un proyecto claro para su desarrollo complica la situación.
Las grandes ciudades, incluyendo Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México, enfrentan problemas relacionados con su expansión no planificada. La falta de coordinación y de infraestructura adecuada ha dado lugar a una urbanización caótica, que incrementa la presión sobre recursos esenciales como agua y movilidad, evidenciando una crisis en la organización metropolitana.
Este patrón no se limita a México, ya que también se observa en megaciudades de otras partes del mundo, como París y Tokio. Expertos como Alfonso Vegara y Guillermo Sánchez destacan la necesidad de enfoques integrales que consideren la escala regional para mejorar la competitividad y la calidad de vida. Ignorar esta necesidad puede desencadenar un crecimiento urbano guiado por intereses particulares, en detrimento del interés colectivo.
En Coahuila, la situación es crítica. Un gobierno centralizado ha restringido la capacidad de los municipios para participar en la planeación urbana. Esto ha llevado a una paradoja donde, a pesar de economías urbanas dinámicas, la gobernanza local es débil y los ciudadanos quedan fuera de la toma de decisiones sobre su propio entorno.
La historia muestra que la falta de planificación urbanística conduce a problemas recurrentes, como la desigualdad y el deterioro ambiental. Ante esto, es imperativo que la sociedad civil, las universidades y otros actores participen en la creación de una agenda pública que priorice la planificación del territorio, más allá de la dinámica política existente.
Con información de vanguardia.com.mx

