La economía mexicana muestra signos de estancamiento y empobrecimiento, con aumento en deuda y disminución del poder adquisitivo de la población.
Durante la última estrategia de análisis económico, expertos resaltaron que los datos oficiales revelan un bajo crecimiento en el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita, que apenas aumentó 0.3 por ciento en siete años. Esta tendencia indica que, aunque la economía en cifras puede parecer más grande, la riqueza por individuo ha mantenido un ritmo muy lento, reflejando una parálisis en el desarrollo económico del país.
En 2025, el PIB per cápita se sitúa en aproximadamente 192 mil pesos, cifra que no ha logrado captar un incremento significativo en el bienestar de la población. Paralelamente, la deuda pública per cápita supera los 102 mil pesos, logrando crecer más que la cantidad de habitantes en ese período, lo que aumenta la carga financiera para las finanzas nacionales. Esto ocurre en un contexto donde la inflación erosiona el valor real de la moneda, generando un menor poder adquisitivo para los mexicanos. La percepción de un crecimiento moderado no refleja la realidad de una economía que avanza lentamente y que enfrenta una tendencia a profundizar la desigualdad y el empobrecimiento.
Este escenario evidencia que, a pesar de los esfuerzos por sostener cifras macroeconómicas, el país enfrenta desafíos estructurales que limitan el progreso social y económico. La inflación, el crecimiento poblacional y la elevada deuda pública constituyen factores que frenan un desarrollo sostenible y equitativo en el largo plazo.
