La percepción de “manzanas podridas” oculta un sistema que fomenta la discrecionalidad y reduce controles, impactando en la transparencia y la confianza institucional.
La existencia de corrupción dentro de las fuerzas armadas mexicanas evidencia un problema sistémico vinculado a las prácticas de gestión pública del país. Aunque se habla de “manzanas podridas” para referirse a algunos casos específicos, expertos señalan que en realidad se trata de un problema mayor, derivado de una estructura que favorece la concentración de poder, la discrecionalidad y la reducción de mecanismos de rendición de cuentas. La militarización de funciones civiles, como la seguridad y la administración de infraestructura, ha incrementado las facultades y el presupuesto de las instituciones castrenses, generando un entorno donde la falta de transparencia y el control público se intensifica. Esta situación responde a una gestión que, bajo la justificación de seguridad nacional, elimina obstáculos jurídicos y administrativos, creando un escenario propicio para conductas corruptas. Reconocer que el problema trasciende a unos cuantos actos ilícitos es fundamental para abordar las raíces del fenómeno y promover una reforma en la administración pública que garantice mayor responsabilidad y transparencia en todos los niveles.
