El comercio ilegal de productos chinos en el corazón de la capital crece sin suficientes acciones gubernamentales, afectando la economía local y facilitando la infiltración del crimen organizado. El dinamismo del comercio en el Centro Histórico de la Ciudad de México muestra una tendencia preocupante, con una significativa expansión de negocios operados por comerciantes de origen chino. Se estima que aproximadamente una tercera parte de los locales en la zona se dedican a la venta de productos chinos, muchos de los cuales carecen de los permisos y documentación legal necesarios para su funcionamiento. La falta de operativos efectivos por parte de las autoridades ha permitido que estos establecimientos sigan operando en condiciones irregulares, en muchos casos en efectivo y en horarios que favorecen actividades ilícitas. El incremento de estos negocios ha sido paralelo a denuncias de la presencia de mercancía de procedencia ilegal, especialmente en mercados y plazas específicas como Izazaga 89. A pesar de acciones temporales, como la clausura de ciertos espacios y la confiscación de grandes volúmenes de productos, las operaciones clandestinas continúan. La falta de supervisión robusta y la disminución de la presencia de organismos encargados de la protección intelectual y la regulación comercial han facilitado que la piratería, la falsificación y la infiltración del crimen organizado se intensifiquen en estas actividades. Sumado a esto, el uso exclusivo de efectivo en estos comercios genera un entorno propicio para actividades delictivas y evasión fiscal, complicando aún más la lucha contra estas prácticas. La comunidad empresarial local demanda mayor vigilancia y acciones concretas para contener este crecimiento descontrolado y proteger la economía formal y la seguridad ciudadana en el centro de la capital.
