Expertos pronostican un ligero repunte en el PIB, resaltan riesgos internos y externos que pueden afectar la recuperación del país.
El crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de México para el próximo año se estima en torno al 0.46%, superando las previsiones anteriores de 0.20%. Este avance, que representa una recuperación moderada, forma parte de las proyecciones elaboradas por analistas del sector privado, quienes también anticipan incrementos de 1.34% en 2026 y 1.79% en 2027, con un promedio a largo plazo cercano al 1.92%. La tendencia revela un contexto de crecimiento lento, condicionado por elementos tanto internos como externos, como la inseguridad, la incertidumbre económica y la fluctuación de los mercados internacionales.
En el ambiente económico interno, la percepción sobre el clima de negocios muestra una tendencia a la negociación en torno a la estabilidad, con más de la mitad de los especialistas que consideran que puede empeorar en los próximos meses. Sin embargo, las cifras de empleo continúan mostrando avances, con un incremento en la afiliación al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), especialmente en el sector digital, que aporta una importante fuente de empleos en el país. La tasa de desempleo permanece estable en cifras cercanas al 3.07%, sugiriendo un mercado laboral relativamente sólido frente a los desafíos económicos.
Por otro lado, las expectativas de inflación indican un ligero descenso para 2025 y 2026, con tasas estimadas en aproximadamente 3.95% y 3.74% respectivamente, reflejando una posible mayor estabilidad en los precios y mayor control por parte de las autoridades monetarias. La cotización del peso frente al dólar también se ajusta a una tendencia de fortalecimiento, proyectándose en 19.49 pesos por dólar en 2025 y en valores similares en los años siguientes. La política fiscal y monetaria continúa siendo un factor clave ante los riesgos asociados a la inseguridad y la falta de un marco jurídico sólido, que siguen siendo obstáculos para una inversión más robusta.
Diversos factores de riesgo, como la inseguridad pública, la corrupción y la incertidumbre en las políticas públicas, fueron señalados por los especialistas como principales obstáculos para un crecimiento más acelerado. La expectativa de déficit fiscal y en la balanza comercial también se mantiene en niveles que requieren atención, aunque los flujos de inversión extranjera directa seguirían siendo un motor de impulso para la economía. La combinación de estos elementos subraya la importancia de implementar reformas estructurales para consolidar una recuperación más sólida y sustentable en el mediano plazo.
