Los instrumentos del Gobierno mexicano muestran mejoras en sus tasas, superando la inflación y reforzando su atractivo como refugio financiero.
A comienzos de noviembre, los bonos a corto plazo emitidos por el gobierno mexicano han presentado un comportamiento positivo en sus rendimientos, consolidándose como alternativas atractivas para los inversionistas. La inflación en México, que alcanzó 3.63% en la primera quincena de octubre, sigue dentro de las metas oficiales y favorece la rentabilidad de estos instrumentos financieros. El rendimiento de los Cetes a 28 días incrementó en 20 puntos base, cerrando en 7.3%, mientras que aquellos a 91 días permanecieron en 7.23%, sin cambios. Los Cetes a 181 días bajaron ligeramente a 7.29%, y los de dos años alcanzaron un rendimiento de 7.77%. La diferencia entre estos rendimientos y la inflación actual posiciona a los Cetes como una opción eficaz para proteger el poder adquisitivo ante la inflación, que continúa siendo moderada pero persistente. Para quienes consideran invertir, calcular el rendimiento real —restando la inflación al interés nominal— revela que estas inversiones ofrecen ganancias superiores a la subida de precios, en promedio una ganancia real cercana a 3.7 puntos porcentuales para el corto plazo. Esto refuerza la utilidad de los Cetes para diversificar portafolios y mantener el valor del dinero en un contexto de estabilidad económica.
