La festividad, que conmemora la resistencia y recuperación del Templo de Jerusalén, adquiere significado en contextos de aumento del antisemitismo y desigualdad social.
Janucá es una festividad judía de ocho días que inicia en la fecha 25 de Kislev del calendario hebreo, correspondiendo este año al 14 de diciembre. La celebración rememora la recuperación del Templo de Jerusalén tras una rebelión histórica contra las fuerzas greco-sirias en el siglo II a.C., liderada por los macabeos, quienes defendieron la tradición y la identidad religiosa del pueblo judío frente a la imposición helenística. Originada en decisiones de los sabios del Talmud, Janucá simboliza la resistencia cultural, la fe en los milagros y el derecho a la autodeterminación.
Este relato histórico se complementa con el famoso milagro del aceite, que cargó un pequeño vasije suficiente para un día, pero que se mantuvo encendido durante ocho, permitiendo la reinauguración del Templo y la reanudación de sus rituales. La tradición moderna incluye rituales como la encendida progresiva de la Janukía, comidas fritas en aceite y el uso del dreidel, un juguete con letras hebreas que rememora momentos de clandestinidad y preservación de la educación judía.
El contexto actual atribuye a Janucá un valor adicional, pues en medio del aumento global del antisemitismo y las desigualdades sociales, la festividad recuerda la importancia de mantener los valores de libertad, identidad cultural y la lucha por los derechos. En países con comunidades judías activas, como México, estos simbolismos fortalecen el sentido de pertenencia y esperanza frente a escenarios de adversidad, reafirmando que la luz de la tradición puede iluminar caminos hacia un futuro de mayor respeto y convivencia.
El reconocimiento de que una celebración con raíces tan antiguas aún tiene vigencia social y cultural evidencia la continuidad de tradiciones que trascienden generaciones y luchan por mantener vivas las identidades ante tiempos de crisis y cambio.
