El empresario fue secuestrado, torturado y hallado sin vida después de una investigación que vincula a grupos criminales en el asesinato
Bernardo Bravo Manríquez, destacado presidente de la Asociación de Citricultores del Valle de Apatzingán, fue víctima de un brutal crimen en Michoacán. Su cuerpo apareció el lunes en una camioneta en un camino rural de Apatzingán, tras ser secuestrado la tarde del domingo por un grupo armado. Las autoridades indicaron que, según los peritajes, Bravo pudo haber sido asesinado la noche del domingo, con un disparo en la cabeza y golpes previos sufridos durante su secuestro. El análisis forense señaló que su vehículo fue manipulado para simular que conducía al momento del hallazgo, aunque no se encontraron casquillos en la escena, solo una esquirla sustraída posteriormente. La investigación apunta a la posible participación de grupos delictivos como el Cártel Jalisco Nueva Generación y Los Templarios, y la Fiscalía ha logrado la detención de un sospechoso en estos operativos. Además, se revisan las conexiones con otros casos similares en la región, donde empresarios del sector citrícola han sido víctimas del crimen organizado en los últimos años. Bravo, de 41 años, fue un líder que enfrentó valientemente a los intermediarios y cárteles que operan en la zona, e impulsó campañas para frenar las extorsiones en su comunidad. La familia del empresario, que también es reconocida en el sector agrícola, señala que su muerte refleja una historia de violencia que ha marcado a varias generaciones en esta región de Michoacán.
