Mientras los agricultores venden un kilogramo de frijol en 9 pesos, los consumidores adquieren paquetes hasta en 139 pesos, evidenciando la desigualdad en la cadena productiva.
En México, la disparidad en los precios del frijol revela un panorama complejo para los productores rurales. Los agricultores que cultivan este cultivo, en su mayoría pequeños, reciben aproximadamente 9 pesos por kilogramo, valor seis veces menor que el precio de mercado en supermercados, donde la venta de paquetes empaquetados puede alcanzar los 139 pesos por 2.5 kilogramos, equivalente a unos 55 pesos por kilogramo. Esta situación refleja la inequidad en la cadena de valor, donde los intermediarios se benefician a costa de los productores.
Actualmente, en el país existen alrededor de 629 mil productores de frijol, en su mayoría con parcelas de una a cinco hectáreas. Gracias a las recientes lluvias en el ciclo primavera-verano, se estima que hay 700 mil toneladas de frijol en buenas condiciones, aunque los centros de acopio permanecen cerrados y solo se contempla una capacidad de compra gubernamental de aproximadamente 70 mil toneladas. La diferencia evidencia las dificultades para que los pequeños agricultores puedan acceder a mejores precios y garantizar una competencia más equitativa en el mercado agrícola.
Este panorama se agrava en regiones como Chihuahua, donde agricultores han realizado manifestaciones pacíficas para exigir mayor apoyo estatal. En Namiquipa, productores bloquearon una caseta de peaje y ofrecen su producto a 150 pesos por un costal de 5 kilos, mientras reclaman al gobierno que aumente el volumen de compra a precios de garantía, ya que intermediarios pagan solo 11 pesos por kilogramo. La problemática del frijol en México no solo afecta a los productores, sino también a la seguridad alimentaria y económica de las comunidades rurales, además de reflejar la necesidad de fortalecer las políticas de apoyo y regulación en el sector agrícola.
Es crucial entender la relevancia de este conflicto: el frijol es un alimento básico en la dieta mexicana y su producción es fundamental para la economía rural. La desigualdad en los precios y la falta de soporte adecuado amenazan con profundizar la pobreza en zonas agrícolas y afectar la estabilidad alimentaria del país.
