La medida busca mejorar la salud pública, pero comerciantes locales sostienen que no reducirá el consumo de sodas.
A partir de 2026, México implementará un aumento en la carga fiscal sobre bebidas azucaradas y tabaco, con el objetivo de abordar problemas de salud pública derivados de su consumo excesivo. La nueva tarifa para las bebidas endulzadas pasará de 1.64 a 3.08 pesos por litro e incluirá bebidas con edulcorantes artificiales, mientras que el impuesto al tabaco se incrementará hasta un 200% en los próximos cinco años. La estrategia gubernamental responde a datos que señalan que los mexicanos consumen en promedio 166 litros de refrescos por persona anualmente y que estos productos contribuyen significativamente al incremento de enfermedades como la diabetes y problemas cardiovasculares. Sin embargo, vendedores de barrio en la Ciudad de México opinan que estas medidas no tendrán impacto real en el comportamiento de los consumidores. Muchos señalan que, debido a que la mayoría de las personas consideran las sodas como una necesidad o un hábito, el aumento en los precios no disuadirá su consumo, y en algunos casos, los comerciantes apenas podrán mantener sus márgenes de ganancia. La percepción general entre los vendedores es que la medida se orienta más a generar ingresos que a mejorar la salud pública, puesto que otros recursos, como campañas preventivas, parecen ser menos prioridad para las autoridades. La resistencia por parte de la comunidad y comerciantes refleja que el cambio en hábitos relacionados con el consumo de bebidas azucaradas requiere acciones más integrales y de conciencia pública.
