La excesiva participación militar en tareas civiles y problemas de corrupción reflejan decisiones incorrectas en las últimas décadas, debilitando instituciones clave.
La profunda transformación de las instituciones militares en México durante los últimos sexenios ha evidenciado retrasos estructurales que afectan la gobernabilidad y el Estado de derecho. Tras décadas en las que las Fuerzas Armadas asumieron funciones no tradicionales, como tareas civiles y manejo de recursos públicos, se ha generado una concentración de poder que contraviene los principios de especialización y separación de funciones propios del Estado moderno. La tendencia a involucrar a los militares en actividades que deben ser responsabilidad de instituciones civiles ha contribuido a erosionar las capacidades institucionales y aumentar la percepción de corrupción. Además, decisiones políticas fundamentadas en diagnósticos erróneos sobre la corrupción han motivado una expansión del control militar en distintos ámbitos, generando un atraso en la modernización del aparato estatal y dejando al país en los niveles más altos de percepción de corrupción en el último lustro. La historia muestra que un Estado que centraliza funciones en las Fuerzas Armadas arriesga su estabilidad y desarrollo democrático, por lo que es prioritario restablecer la diferenciación institucional y fortalecer las capacidades civiles.
