La imposición de nuevos aranceles en materias primas importadas pone en riesgo la competitividad y la innovación del sector de salud mexicano.
La industria mexicana de dispositivos médicos enfrenta una posible desaceleración si se incrementan los aranceles sobre materiales y componentes que se importan desde Estados Unidos y Asia. La dependencia de insumos tecnológicos y especializados, como plásticos, componentes electrónicos y metales, hace que cualquier aumento en las tarifas encarezca los productos finales y afectar la competitividad internacional del sector. La mayoría de estos insumos no se producen localmente y, en el corto plazo, no existen proveedores nacionales que puedan sustituirlos, lo que podría limitar el desarrollo y la innovación tecnológica de las empresas mexicanas. Además, una restricción en el acceso a microchips y componentes electrónicos esenciales retrasaría procesos de validación y elevando los costos operativos, afectando la exportación y adopción de nuevos productos en el mercado. Estas dificultades también impactarían la región, ya que reducirían la capacidad de competir con potencias como China, poniendo en riesgo la calidad y seguridad de los dispositivos médicos producidos en México. La inversión en tecnología, además, requiere constantes validaciones de seguridad, y cualquier interrupción en la cadena de suministro genera retrasos considerables que afectan la salud pública y la economía.
