El presidente municipal de Uruapan, preocupado por la violencia y la falta de apoyo, amenaza con detener proyectos oficiales si no recibe atención del Estado.
El alcalde de Uruapan, en Michoacán, ha expresado su temor ante la escalada de violencia en el municipio, considerado uno de los más peligrosos del país. En un discurso directo y confrontacional, el funcionario aseguró que no desea convertirse en otra víctima de la criminalidad y responsabilizó a poderosos grupos criminales por la inseguridad que azota la región. La ciudad, conocida como la capital mundial del aguacate, presenta una percepción de inseguridad muy alta, con cerca del 90% de sus habitantes reportando haber sido víctimas de delitos.
En respuesta a la situación, el edil ha solicitado públicamente que las autoridades federales y estatales intervengan de manera efectiva. En particular, ha pedido la presencia del secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, para coordinar esfuerzos y reducir la violencia en la zona. La estrategia del alcalde se ha caracterizado por un discurso enmarcado en mano dura, rompiendo con la narrativa de “abrazos y no balazos” promovida en administraciones anteriores. Además, ha protagonizado operativos policiales en carrobús y en helicóptero, lo que le ha otorgado el apodo de “el Bukele mexicano”, en alusión al presidente de El Salvador conocido por su enfoque contundente contra el crimen.
La tensión política también ha aumentado, ya que el alcalde busca posicionarse como una alternativa a la administración estatal, principalmente en torno a proyectos como un teleférico en construcción, que requiere una inversión de varios miles de millones de pesos y que ha generado controversia en la región. La clausura de una de las estaciones del sistema de transporte, ubicada en el Bulevar Industrial, fue una de sus acciones recientes para presionar a las autoridades sobre la crisis en seguridad y recursos.
Este escenario refleja el desafío que enfrentan tanto los gobiernos locales como los federales para contener la violencia en zonas estratégicas de Michoacán, y pone en evidencia las tensiones políticas que podrían marcar los próximos movimientos en el estado.
