Nuevas formas digitales de intimidación complican la labor de comunicadores, evidenciando la necesidad de reforzar mecanismos de protección.
En los últimos meses, el acoso a periodistas en México ha adoptado una modalidad cada vez más sofisticada y silenciosa: el bombardeo telefónico con llamadas automatizadas que contienen amenazas grabadas. Este fenómeno, que ha sido reportado en varias regiones del país, representa una estrategia digital emergente para intimidar a los profesionales de la comunicación y silenciar la libertad de prensa. La reciente víctima, una periodista que prefirió mantener el anonimato, recibió más de 300 llamadas en un solo día, con mensajes que insinuaban secuestros y daños a propiedades, saturando su línea telefónica y dificultando su gestión.
Este incremento en las agresiones digitales se suma a una tendencia alarmante: en 2024, México enfrentó 639 agresiones contra periodistas y medios de comunicación, lo que indica un ataque cada 14 horas. Las formas de violencia incluyen no solo amenazas telefónicas, sino también ataques físicos y persecución en línea, reflejando un entorno de creciente hostilidad. Expertos señalan que estas acciones buscan generar miedo y autocensura, afectando la labor informativa y la seguridad social de los comunicadores.
Es importante entender que estas tácticas de intimidación no son aisladas, sino parte de un patrón de violencia digital que afecta especialmente a periodistas y activistas, limitando su ejercicio profesional y poniendo en riesgo su integridad. La implementación de mecanismos de protección, como sistemas de alerta temprana y capacitación en seguridad digital, resulta vital para reducir el impacto y responder eficazmente a estos ataques. La protección de la prensa es fundamental para garantizar el acceso a información veraz y fortalecer la democracia.
