El 15 de mayo de 2001, Gorka Landaburu, un periodista español, sobrevivió a un atentado con carta-bomba que le costó parte de una mano y le dejó secuelas en su visión y audición. Este ataque, llevado a cabo por ETA, simboliza el riesgo que enfrentan los comunicadores en un entorno de violencia y censura.
Aquel día, Landaburu había regresado a su redacción en Donostia tras las elecciones autonómicas de Euskadi. Pese a las amenazas previas por parte de ETA y otros grupos radicales, como la Triple A, nunca imaginó que abrir una carta podría cambiar su vida para siempre. Su respuesta tras el ataque fue decisiva: "Mientras tenga un ordenador, seguiré escribiendo y denunciando".
En su carrera, además de ser editor de la revista 'Cambio 16', Landaburu ha enfrentado numerosos desafíos y presiones por su labor. Recuerda que había sido advertido de su situación con frases como “estás en listas”. Estas advertencias no detuvieron su compromiso con la democracia ni su deseo de informar, activo hasta hoy.
El atentado también ha dejado una profunda huella en su vida personal y profesional. Landaburu hace un repaso por sus experiencias en el contexto de un Euskal Herria donde la libertad de expresión estuvo constantemente amenazada. Aunque el odio hacia la prensa durante el terrorismo de ETA fue palpable, su determinación ha sido clara: no permitir que el miedo silencie la voz de la verdad.
Hoy, 25 años después, Landaburu celebra su vida y el hecho de que sigue en pie. Su historia resuena como un testimonio de la resistencia frente a la adversidad y la vital importancia de la libertad de prensa en cualquier sociedad democrática.
Con información de eldiario.es

