Uruapan, Michoacán. - La vida cotidiana en esta ciudad se ve marcada por la violencia del narcotráfico. Pese a la presencia militar y la ilusión de normalidad, el miedo persiste en la población, que realiza sus compras y almuerza con inquietud por la inseguridad.
El asesinato del alcalde Carlos Manzo hace seis meses provocó indignación y relevantes acciones gubernamentales. Claudia Sheinbaum, presidenta de México, reforzó la estrategia de seguridad en la región, enviando miles de tropas a combatir a los cárteles. Sin embargo, estas medidas han demostrado ser insuficientes ante la severidad del crimen organizado.
La violencia en México ha proliferado desde 2006, con casi un centenar de alcaldes asesinados. Manzo, un líder enérgico que desafiaba públicamente a los narcotraficantes, fue víctima de un ataque en plena plaza, lo que refuerza el clima de peligro constante en el país. En Uruapan, el dominio del cártel Jalisco Nueva Generación y su vínculo con actividades ilícitas generan un ciclo de miedo y resignación en la población.
Recientemente, las autoridades han lanzado operativos contra líderes narcos, sin embargo, la respuesta de los cárteles, incluyendo bloqueos y violencia extrema, refleja su poder. Aunque han sido detenidos miles de sospechosos desde que Sheinbaum asumió el cargo, el sentimiento de inseguridad no cede, y un alto porcentaje de mexicanos sigue sintiéndose amenazado.
A medida que la hija de Manzo, Grecia Quiroz, enfrenta su nuevo rol como alcaldesa, el eco de la tragedia resuena en la población, que demanda resistencia y estrategias más efectivas contra el narcotráfico.
Con información de teletica.com

