Michoacán, México. - La violencia en este estado ha generado un clima de miedo y resignación entre sus habitantes, especialmente tras el asesinato del alcalde Carlos Manzo hace seis meses. Su muerte ha representado un punto crítico en la continua lucha del gobierno contra la delincuencia organizada.
Desde 2006, el número de asesinatos de alcaldes ha aumentado significativamente en el país, alcanzando casi un centenar. La ocupación militar en Michoacán ha sido notable, con 12,000 efectivos desplegados para intentar restaurar la seguridad, aunque la percepción de riesgo persiste entre la población.
Natalia Miranda, una joven de 24 años, comparte su realidad: "Uno aprende a vivir con el miedo". La estudiante de Educación menciona que salir por la noche es arriesgado. Por su parte, Teresa Silva, de 50 años, indica que la inseguridad hace que muchos prefieran quedarse en casa, mientras la Guardia Nacional recorre las calles en un contexto donde robar puede resultar fatal.
Michoacán, que tiene un tamaño similar al de Costa Rica, es conocido principalmente por su industria aguacatera, que mueve anualmente unos 5,000 millones de dólares. Sin embargo, esta riqueza también ha atraído al crimen organizado, donde la extorsión y el narcotráfico proliferan, creando un entorno hostil para los jóvenes vulnerables.
Carlos Manzo, un alcalde emblemático que se oponía abiertamente al crimen organizado, fue víctima de un ataque orquestado por un joven presuntamente ligado al Cártel Jalisco Nueva Generación. Su postura de confrontar a los narcotraficantes, al afirmar que "debemos abatirlos", refleja el valor de quienes desafían la narrativa del miedo en la región.
Esos niveles de violencia generan preocupaciones sobre el futuro de Michoacán. La comunidad enfrenta la disyuntiva entre desafiar a los grupos criminales y vivir en un estado de continuo temor.
Con información de politica.expansion.mx

