Ciudad de México. – México, históricamente una nación de asilo y refugio, enfrenta el desafío de consolidar políticas migratorias estables y efectivas ante un aumento de personas en tránsito y estancia prolongada, muchas sin un estatus regular.
Una encuesta de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) revela que el 72 por ciento de 548 extranjeros encuestados en México carece de un permiso de residencia. Esto se atribuye en parte a las políticas antimigratorias implementadas en Estados Unidos durante la administración Trump, que han llevado a un mayor número de personas a permanecer en territorio mexicano por periodos extendidos.
Giovanni Lepri, representante saliente del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) en México, destacó que el país se ha convertido en un lugar de asilo que ofrece una segunda oportunidad para reconstruir vidas. Sin embargo, subrayó la necesidad de una política pública que responda de manera sostenible a las necesidades de quienes huyen de amenazas, violencia o persecución.
La tradición de México como tierra de asilo se remonta a recepciones históricas de diversas nacionalidades, incluyendo libaneses, republicanos españoles y judíos europeos. Más recientemente, la segunda mitad del siglo pasado vio la llegada de centro y sudamericanos perseguidos por dictaduras militares, y en el siglo XXI, las políticas de Donald Trump en Estados Unidos han extendido la estancia de migrantes en México.
A pesar de esta tradición humanista, persisten el burocratismo y la desatención administrativa en la entrega de documentos de residencia, así como incidentes en aeropuertos donde autoridades migratorias han negado injustificadamente el ingreso a territorio nacional. México carece de una política de Estado integral para la asimilación e inserción económica y social de inmigrantes.
Estas circunstancias contrastan con la voluntad nacional de ser tierra de asilo. Desde la perspectiva del interés nacional, el asentamiento de extranjeros puede ser positivo, especialmente si se considera la baja tasa de desempleo en México (2.9 por ciento en agosto pasado), significativamente menor que en Estados Unidos (4.3 por ciento). La incorporación de inmigrantes ha enriquecido al país en diversos aspectos.
Se hace evidente la necesidad de una reforma a la Ley de Migración, promulgada en 2011, para adaptarla a las nuevas circunstancias. Asimismo, se requiere una reformulación institucional del Instituto Nacional de Migración (INM) para convertirlo en un organismo más sensible, flexible y eficaz.
