Ciudad de México. – En un panorama nacional marcado por la continuidad de la transformación iniciada en 2018, México entra en su octavo año de lo que el autor denomina la “revolución pacífica obradorista”. Este periodo se caracteriza por la consolidación de un proyecto político que, según el análisis, ha sabido adaptarse a los tiempos modernos y ha puesto al pueblo en el centro de sus prioridades.
Un hito significativo de esta era es la llegada de Claudia Sheinbaum Pardo a la presidencia, un evento que ha generado un impacto positivo en el país, abriendo puertas a nuevas generaciones de mujeres en el liderazgo. México se posiciona como una potencia industrial media, aprovechando su ubicación geoestratégica para atraer inversiones de Asia y competir en mercados globales, incluyendo Estados Unidos, Latinoamérica y el Caribe. La modernización de la infraestructura, con inversiones en trenes, aeropuertos, puertos, tecnología satelital, inteligencia artificial y la industria automotriz eléctrica, refuerza esta visión de futuro.
La reciente reforma judicial es destacada como un logro crucial, al liberar al Poder Judicial de la influencia de las oligarquías y asegurar la aplicación de políticas populares sin obstáculos. El Congreso, con mayoría de Morena, trabaja en sintonía con el ejecutivo para promover los derechos del pueblo. Esta “Revolución de las Conciencias”, como se le denomina, busca consolidar un Estado popular y se distingue por no ser exportable, enfocándose en la estabilidad interna y en sus propias tareas.
La distribución de la riqueza y la atención a los derechos sociales, arrebatados durante 36 años de gobiernos neoliberales, son ejes centrales. Si bien la pobreza y la violencia asociadas al narcotráfico persisten como desafíos, el gobierno mantiene una estrategia enfocada en atacar las causas profundas como la pobreza y en combatir a los generadores de violencia. Se critica la política estadounidense de venta de armas como un factor que perpetúa la narcoviolencia y se señala la influencia de la “narcocultura” promovida por medios de comunicación, sugiriendo la necesidad de una “microrevolución de las conciencias” dirigida a los jóvenes.
