La ciudad se prepara para el Mundial, mientras enfrenta un alarmante aumento de desaparecidos.
Guadalajara se alista para el Mundial de Fútbol, invirtiendo en infraestructura y seguridad para atraer a un millón de turistas. Sin embargo, bajo este despliegue hay una inquietante realidad: es un centro de desapariciones y fosas clandestinas. Jalisco, tierra del Cártel Jalisco Nueva Generación, recibe alertas internacionales y se tensiona ante la posibilidad de actos violentos durante el torneo.
A medida que el estado lucha por limpiar su imagen, cientos de colectivos de búsqueda encuentran restos humanos cerca del Estadio Akron. La violencia y la inseguridad coexisten con los discursos de prosperidad, mientras las autoridades intentan mirar hacia otro lado. La paradoja es evidente: en medio de una fiesta mundialista, el dolor y la lucha por justicia permanecen latentes.
