WASHINGTON D.C. – El expresidente Donald Trump ha reactivado su ambicioso proyecto ‘Golden Dome’, un sistema de defensa antimisiles continental diseñado para proteger a Estados Unidos de cualquier ataque aéreo, según informaron fuentes de la Casa Blanca. El plan, concebido como una evolución del Domo de Hierro israelí, aspira a una cobertura integral del territorio estadounidense, enfrentando amenazas como misiles balísticos intercontinentales, armas hipersónicas, misiles de crucero y drones.
La propuesta inicial de Trump estima un presupuesto de 175 mil millones de dólares y una operatividad antes de 2029. Sin embargo, análisis especializados, como los publicados por El Financiero, advierten que el costo real podría ascender hasta 1.1 billones de dólares, superando cinco veces la cifra anunciada. Esta disparidad se debe a la complejidad técnica de un sistema que requeriría múltiples capas de defensa y el desarrollo de tecnologías aún inexistentes, especialmente en su componente espacial.
El ‘Golden Dome’ plantea una defensa que actuaría desde el despegue del misil hasta su fase terminal, abarcando tierra, mar, aire y espacio. La capa espacial, la más ambiciosa y costosa, incluiría una constelación de interceptores capaces de destruir misiles fuera de la atmósfera. Expertos señalan que esta tecnología no existe en la actualidad y su desarrollo podría costar entre 161 mil millones y más de 500 mil millones de dólares, sin considerar gastos de mantenimiento o reposición.
Además de la defensa antimisiles avanzada, el proyecto contempla el fortalecimiento de sistemas existentes como Patriot, THAAD y Aegis Ashore, junto con una red ampliada de radares. También se incluiría una defensa específica contra drones mediante armas de energía dirigida, como láseres de alta potencia y microondas, tecnologías que aún enfrentan retos de eficacia y escalabilidad.
Más allá de las consideraciones financieras y técnicas, el ‘Golden Dome’ genera inquietudes geopolíticas. Especialistas advierten que una expansión tan significativa de la defensa antimisiles estadounidense podría desencadenar una nueva carrera armamentista, incentivando a otras potencias a aumentar sus arsenales. Iniciativas similares en el pasado han sido abandonadas debido a su alto costo, limitaciones técnicas y falta de respaldo político sostenido.
