El riesgo de nuevos aranceles y el retraso en la entrega de agua refuerzan la necesidad de un acuerdo bilateral en un contexto de crisis hídrica y económica. La relación comercial y bilateral entre México y Estados Unidos enfrenta una nueva tensión por el incumplimiento en la entrega de agua bajo el Tratado de Aguas de 1944, mientras Washington advierte con imponer un arancel del 5 % a las importaciones mexicanas si no se resuelve la situación antes de fin de año. Esta disputa se suma a una larga historia de problemas en la gestión de recursos hídricos compartidos y refleja la creciente urgencia por encontrar soluciones diplomáticas ante la sequía prolongada que afecta ambas naciones. Desde la presidencia de Donald Trump, Estados Unidos ha ejercido presión económica mediante la aplicación de aranceles casi continuos. En 2018, se implementó un arancel del 25 % sobre importaciones provenientes de México y Canadá, posteriormente se aumentaron tarifas sobre acero, aluminio y otros productos. En octubre de 2023, Trump confirmó el aplazamiento de un arancel del 30 % que inicialmente se pensaba imponer a exportaciones mexicanas fuera del T-MEC, pero advirtió que podría reactivarse si México no cumple con las obligaciones de agua. Estas medidas reflejan una estrategia de presión que busca fortalecer la postura estadounidense en asuntos comerciales y ambientales. El conflicto por el agua tiene antecedentes históricos, como en 2020, durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, cuando se reclamó el envío de agua desde la presa La Boquilla, en Chihuahua, un asunto que evidenció las tensiones en la gestión de recursos y en la interpretación del tratado. Actualmente, las autoridades mexicanas, encabezadas por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, aseguran que aún disponen de un saldo pendiente de más de un billón de metros cúbicos para cumplir con los compromisos, pero la capacidad de infraestructura y la sequía dificultan los tiempos de respuesta. México y Estados Unidos
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