Saltillo, Coahuila. – El panorama de las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela se mantiene tenso de cara al 2026, con el presidente Donald Trump señalando posibles intervenciones militares y económicas contra el régimen de Nicolás Maduro. Recientes declaraciones y acciones apuntan a una escalada en la presión ejercida por Washington sobre Caracas.
Trump insinuó la posibilidad de un primer ataque terrestre contra cárteles de la droga en territorio venezolano, comentando la voladura de una “gran instalación” vinculada al narcotráfico. Estas afirmaciones surgen en un contexto de alta tensión, marcado por el despliegue de buques de guerra y aviones de combate estadounidenses en aguas internacionales cercanas a Venezuela.
El conflicto subyacente se remonta a las elecciones presidenciales venezolanas de 2024, donde la proclamación de Nicolás Maduro como ganador sin la publicación de resultados detallados generó una nueva crisis política. El gobierno de Donald Trump, al igual que la administración anterior, reconoció al opositor Edmundo González Urrutia como “presidente electo”. A pesar de ello, se abrió un canal de comunicación que incluyó el envío de Richard Grenell a Venezuela para dialogar.
Las tensiones escalaron en 2025 con la inclusión del Cártel de los Soles, presuntamente liderado por Maduro, en la lista de Organizaciones Terroristas Extranjeras por el Departamento del Tesoro de EE.UU. Posteriormente, el Departamento de Estado anunció una recompensa de 50 millones de dólares por información que conduzca al arresto de Maduro, acusado en Nueva York por narcoterrorismo.
En respuesta, la marina estadounidense desplegó operaciones en el Caribe para combatir cárteles del narcotráfico, resultando en la destrucción de embarcaciones y la muerte de tripulantes. El Pentágono reportó ataques contra embarcaciones cargadas de droga, calificando a las víctimas como “narcoterroristas”, aunque no ha presentado pruebas públicas de estos señalamientos.
Un punto álgido fue el decomiso de un buque cisterna sancionado por el Departamento del Tesoro, que transportaba crudo venezolano. Estados Unidos argumentó que el buque era utilizado en una “red ilícita de envío de petróleo que apoya a organizaciones terroristas extranjeras”, lo que Venezuela calificó como un “robo descarado” y denunció ante las Naciones Unidas.
Adicionalmente, Washington impuso sanciones a seis empresas de transporte de crudo y seis buques cisterna. Trump ordenó un bloqueo naval de todos los “buques petroleros que entren y salgan” de Venezuela, advirtiendo que la presión continuará hasta que se devuelvan activos presuntamente “robados”.
Los roces entre ambos países tienen antecedentes que datan de la administración de Barack Obama, con el rechazo venezolano al nombramiento del embajador Larry Palmer, la expulsión de diplomáticos y sanciones contra PDVSA. La administración Trump ha intensificado la presión, declarando que “los días de Maduro están contados” y sin descartar una invasión terrestre.
