La figura política de larga data enfrenta sentencia por su papel en la represión de protestas que dejaron aproximadamente 1,500 fallecidos en 2024, en medio de un escenario de tensión política.
En un hecho sin precedentes, un tribunal internacional de Bangladés dictaminó la imposición de la pena máxima contra Sheikh Hasina, expresidenta y figura emblemática del país, por crímenes de lesa humanidad relacionados con la represión de movilizaciones sociales en agosto de 2024. Dirigentes y analistas consideran que esta sentencia marca un punto de inflexión en la historia política de Bangladesh, en un contexto de conflictos internos que llevan décadas llenando las páginas de su historia reciente.
El tribunal halló a Hasina responsable de ordenar la utilización de armas letales contra manifestantes jóvenes que protestaban contra la corrupción, abusos de las fuerzas de seguridad y medidas repressivas en un clima de alta tensión política. La ONU estima que cerca de 1,500 personas murieron durante lo que se denominó la «Revolución de julio», movilizaciones que inicialmente tuvieron carácter pacífico y que fueron brutalmente reprimidas por las fuerzas gubernamentales, en las que la ex primera ministra tuvo un papel central.
Desde su exilio en la India, Sheikh Hasina, que gobernó Bangladesh en múltiples ocasiones desde 1996, ha mantenido una presencia política fuerte y controvertida. La líder del Partido Liga Awami ha sido reconocida internacionalmente por su iniciativa de acoger a miles de refugiados rohinyás, víctimas de la violencia en Birmania, pero también ha sido criticada por su estilo autoritario y las acusaciones de graves abusos de derechos humanos durante sus mandatos. En el escenario político, su figura ha estado marcada por la rivalidad con Khaleda Zia, con quien se alternó en el poder hasta que, en 2008, aseguró una mayor hegemonía en el país.
Estas sentencias emergen en un contexto de inestabilidad y cambio político, donde el actual gobierno interino, liderado por Muhammad Yunus, busca consolidar su autoridad y organizar elecciones en febrero del próximo año. La polémica historia de Sheikh Hasina refleja las complejidades y desafíos que todavía enfrenta Bangladesh en su camino hacia una estabilidad democrática y una rendición de cuentas por sus acciones pasadas.
