Conoce la historia, cultura y paisajes de Serbia a través de sus monumentos y tradiciones
Serbia, un país con una historia milenaria y una riqueza cultural aún por explorar, invita a los viajeros a descubrir sus encantos en diferentes regiones. Desde los bosques aislados del monasterio en Fruška Gora hasta las imponentes fortificaciones de Novi Sad, el país ofrece una variedad de paisajes y experiencias que reflejan su pasado y su presente. Uno de los primeros contactos con la cultura serbia puede comenzar en un monasterio aislado en los densos bosques de Fruška Gora, en la región homónima. Allí, una monja anciana ofrece manzanas a los visitantes, símbolo de hospitalidad y tradición.
La palabra “hvala” —que significa “gracias” en serbio— fue la primera que aprendí en esta visita, tras recibir una manzana de manos de la monja. La región, aunque no alcanza los 600 metros de altitud en su punto más alto, presenta un paisaje de bosques, prados y campos ondulados que parecen sacados de un libro ilustrado. La guía turística Dragica explica que en esta época del año, los serbios están ocupados con la cosecha, una labor ardua que dura muchas horas en el campo. Tras el trabajo, las comunidades se reúnen en los bancos frente a sus casas para comentar las tareas del día, y una vez finalizada la cosecha, celebran con tradiciones como la Slava.
Esta festividad ortodoxa honra a la santa de cada familia, ofreciendo un ambiente cálido durante los fríos inviernos.
Al ingresar en la iglesia del monasterio, la fachada moderna de color blanco contrasta con la belleza interior decorada con iconos coloridos y pinturas murales del siglo XVI, que permanecen en excelente estado de conservación. La monja que nos entregó las manzanas comparte breves explicaciones sobre los santuarios más importantes y la historia del pequeño monasterio, que también alberga un manantial curativo en sus cercanías. Actualmente, en el monasterio viven diez monjas. Tras visitar la iglesia, nos ofrecen una copa de vino y galletas caseras, cuyo dulzor y textura reflejan la tradición pastelera serbia, donde las nueces y los huevos forman parte esencial de los dulces.
La experiencia me deja un profundo deseo de comunicarme con ellas en su idioma, pero la barrera lingüística limita nuestra interacción, aunque la cordialidad trasciende las palabras.
Por otro lado, Novi Sad, la segunda ciudad más importante de Serbia, sorprende desde su llegada con las fortalezas de los Habsburgo, construidas entre 1692 y 1780. La fortaleza de Petrovaradin, conocida en alemán como Peterwardein, fue la principal defensa de la corona de los Habsburgo en los Balcanes durante el siglo XVII. En 1716, el príncipe Eugenio de Saboya protagonizó una victoria decisiva contra el ejército otomano en este lugar, que durante siglos fue considerado inexpugnable por los otomanos debido a su sistema defensivo basado en técnicas de Vauban. Cruzando el Puente de la Libertad, reconstruido en 2005, se accede a la parte más moderna de la ciudad, ubicada en la orilla opuesta del río Danubio.
La historia reciente también forma parte del paisaje urbano, como en 1999, cuando durante los ataques aéreos de la OTAN, todos los puentes sobre el río fueron destruidos, dificultando la movilidad de los habitantes durante varios años. La recuperación de estas infraestructuras fue crucial para la revitalización de Novi Sad y su conectividad con el resto del país.
En el lado del Danubio, un monumento recuerda la trágica campaña de exterminio perpetrada por los nazis húngaros en 1942, en la cual aproximadamente 4.000 personas perdieron la vida en apenas tres días. El centro de Novi Sad, alrededor de la iglesia católica y el ayuntamiento, refleja principalmente la influencia de la época de los Habsburgo, con edificios bien conservados y restaurados que transmiten su historia. Entre estos, destaca también el edificio del Patriarcado Ortodoxo, símbolo de la presencia religiosa en la región. Curiosamente, una placa en una vivienda en el centro conmemora que Albert Einstein residió en Novi Sad con su primera esposa, Mileva Marić, una física que apoyó su trabajo y jugó un papel fundamental en el desarrollo de la teoría de la relatividad, siendo mucho más que un simple apoyo sentimental.
Belgrado, la capital de Serbia, ofrece una atmósfera vibrante y diversa. Al caer la noche, la antigua fortaleza de la ciudad se transforma en un parque lleno de vida, con paseantes, corredores y personas que disfrutan del fresco. Desde este espacio, se obtiene una vista privilegiada de la confluencia de los ríos Sava y Danubio, un escenario que muchos consideran el más hermoso de la ciudad. En el parque, también se encuentra el Parque de Aventuras Jurásicas, donde figuras de dinosaurios adornan el césped, atrayendo a niños y turistas por igual.
La zona del antiguo castillo, aunque en ruinas, revela vestigios que podrían datar de la época romana, y su proximidad al río ofrece un hermoso paisaje urbano. Sin embargo, Belgrado no se limita a su historia ni a sus ruinas; su esencia reside en su gente, en su carácter y en su capacidad para vivir intensamente. La ciudad fue durante mucho tiempo la capital del estado comunista de Yugoslavia, y hoy mantiene esa identidad de lugar que invita a ser vivido, no solo contemplado. La destrucción de muchos edificios durante la guerra de los Balcanes en 1999 marcó su paisaje, aunque en el centro, aún permanecen edificios neoclásicos que conservan su encanto y su historia.
Al visitar la ciudad, es posible cambiar moneda en las casas de cambio, donde la moneda oficial es el dinar serbio. En una mañana calurosa, tras un breve paseo por las calles comerciales, se puede disfrutar de un expreso en una cafetería local, donde los precios son similares a los de Barcelona. La cercanía con la cultura europea también se refleja en el uso del alfabeto cirílico y en la presencia de medios en latín, que facilitan la comunicación y el acceso a la información. La gastronomía local ofrece delicias como muffins integrales con sésamo y dulces tradicionales, que reflejan la calidez y la riqueza de la cultura serbia.
La visita a Serbia, en particular a Belgrado y Novi Sad, revela un país lleno de historia, tradiciones y paisajes que merecen ser descubiertos en profundidad.
