Ejecutivos del sector prevén que, si se eliminan sanciones y se moderniza la gestión, Venezuela podría retomar niveles de producción de principios de los 2000 en menos de cinco años.
El sector petrolero en México analiza un escenario en el que Venezuela, tras una posible transición política, podría volver a producir alrededor de cuatro millones de barriles de crudo por día. Actualmente, el país sudamericano registra una producción superior a un millón de barriles diarios, cifras que algunos expertos atribuyen más a la gestión interna que a las sanciones internacionales. La parálisis de la industria se debe, en gran medida, a una administración ineficiente en Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) y a la pérdida de talento técnico.
Los análisis indican que, con inversión y cooperación internacional, el país podría recuperar sus niveles de producción previos al chavismo, que alcanzaron los 3.8 millones de barriles diarios a principios de los años 2000. Para ello, se requeriría una inversión de aproximadamente 20 mil millones de dólares y la movilización de reservas que superan los 300 millones de barriles.
En el contexto actual, algunos actores del sector prefieren un cambio en la dirección política del país, con una transición que incluya participación militar y reformas orientadas al sector privado, en lugar de un cambio de régimen que podría acarrear un período prolongado de inestabilidad. Este enfoque se asemeja a las estrategias que promovieron algunos sectores del gobierno de Donald Trump, y cuenta con el respaldo de empresas energéticas internacionales como la petrolera Chevron y figuras como Richard Grenell, exenviado de la Casa Blanca.
El interés en una eventual recuperación de la producción venezolana también tiene implicaciones para el mercado energético global, principalmente para las refinerías en el Golfo de México, que procesan crudo pesado como el venezolano. La recuperación del sector petrolero venezolano sería un factor clave en el equilibrio de la oferta mundial en los próximos años.
Este análisis refleja la relevancia de las decisiones políticas y económicas en la recuperación de la industria petrolera de Venezuela, cuyo potencial sigue siendo una pieza clave en el escenario energético regional y global.
