El megaoperativo policial en las favelas de Río de Janeiro dejó al menos 132 muertos, pero el gobernador asegura que solo hubo víctimas policiales.
El 28 de octubre, Río de Janeiro llevó a cabo un importante operativo policial que involucró a más de 2,500 agentes en una ofensiva contra el clan criminal Comando Vermelho, una de las organizaciones más peligrosas del país. La operación, que se extendió hasta la madrugada del día siguiente, se concentró en las comunidades de Penha y Alemao, regiones donde los residentes reportaron escenas de violencia extrema y numerosos cuerpos en las calles. La Defensoría Pública de Brasil calificó esta intervención como la más mortal en la historia de Río, documentando al menos 132 víctimas fatales, en un contexto considerado por expertos como una violencia estatal sin precedentes. A pesar de ello, las autoridades locales, encabezadas por el gobernador Cláudio Castro, insisten en que solo se registraron cuatro bajas policiales y que las demás muertes correspondían a criminales, reafirmando su postura frente a la magnitud y contexto del operativo y destacando la importancia de la lucha contra las organizaciones delictivas en la ciudad. La situación pone en evidencia los difíciles desafíos que enfrentan las instituciones para mantener el orden en un entorno marcado por una alta presencia de grupos armados y conflictos urbanos que, en ocasiones, resultan en trágicas pérdidas humanas en todos los bandos involucrados.
