Las políticas migratorias de Estados Unidos podrían impedir que algunos países clasificados asistan a sus partidos en el próximo Mundial, afectando la representación y logística del torneo.
La Copa Mundial de la FIFA 2026, que marcará su primera edición con 48 selecciones y tendrá sedes en Canadá, Estados Unidos y México, enfrenta obstáculos derivados de las políticas migratorias implementadas por el gobierno estadounidense. Estas medidas restringen radicalmente el ingreso a ciudadanos de 19 países, principalmente de África y Medio Oriente, incluyendo a equipos clasificados como Irán y Haití. Aunque las delegaciones deportivas están exentas para participar en eventos oficiales, los seguidores de estos países enfrentan serios límites para asistir a los partidos en territorio estadounidense, poniendo en riesgo la presencia de hinchas durante el torneo.
Asimismo, países como Venezuela enfrentan restricciones parciales para la solicitud de visas, lo que podría limitar la logística del equipo en caso de clasificación. Sin embargo, los deportistas y sus técnicos podrán ingresar a Estados Unidos, dado que la ley contempla una excepción para actividades deportivas internacionales. La situación ha abierto debates sobre posibles soluciones, como la celebración de partidos en México o Canadá para las selecciones afectadas, aunque esto implicaría modificar el esquema de sorteo originalmente previsto, alterando la estructura del torneo.
Para entender la magnitud de estas restricciones, es importante contextualizar que, en los últimos años, las políticas migratorias en Estados Unidos han sido motivo de controversia y discusión internacional. La influencia de dichas medidas en eventos deportivos de escala mundial resalta cómo las decisiones políticas pueden impactar directamente en el deporte y la participación global, generando desafíos logísticos y de asistencia que deben ser abordados por las organizaciones responsables del torneo.
