Las políticas restrictivas y las operativos de deportación generan altos niveles de estrés, depresión y trastornos en las comunidades migrantes en México y Centroamérica.
Las acciones implementadas por las autoridades migratorias, incluyendo redadas y deportaciones forzadas, están teniendo un impacto profundo en la salud mental de las personas en tránsito. La dificultad para acceder a solicitudes de asilo y la circulación de medidas coercitivas expone a los migrantes a un estado constante de inseguridad y ansiedad. La creciente complejidad de los procesos migratorios y las incidencias de violencia en sus trayectos contribuyen a que muchos experimenten cuadros severos de depresión, ansiedad y otros trastornos psicológicos. En centros y rutas migratorias, organizaciones humanitarias observaron un incremento significativo en casos que requieren atención psiquiátrica y medicación especializada. La violencia, el secuestro, la extorsión y otros delitos que enfrentan los migrantes agravan aún más su vulnerabilidad, generando una crisis de salud mental que requiere respuestas integrales y urgentes. Esta situación refleja cómo las políticas migratorias tienen consecuencias humanas que van más allá de la movilidad, impactando el bienestar psicológico de miles de personas en situación de desplazamiento. La atención a estos trastornos es esencial para garantizar un trato humanitario y respetuoso a quienes buscan una vida mejor en un contexto adverso.
