El recorte en los recursos destinados a la reconstrucción de Bahía Blanca impacta en la percepción política y en las obras de infraestructura tras las elecciones locales.
Luego de una contundente victoria electoral en Bahía Blanca, las autoridades y organizaciones sociales reaccionaron con inquietud ante la reciente decisión de reducir a la mitad los fondos asignados para la recuperación de la ciudad. El gobierno nacional había destinado inicialmente 200 mil millones de pesos para obras de infraestructura y ayuda tras las recientes inundaciones, pero la ejecución fue desplazada a 100 mil millones, generando controversia en el ámbito político y social.
Este recorte se produce en un contexto donde las obras fundamentales, como los tramos de la Ruta Nacional 3 y accesos al puerto, aún enfrentan retrasos por la falta de aporte federal. La medida fue firmada por los funcionarios Guillermo Francos y Luis Caputo, quienes enfrentan críticas por su inexperiencia política y por decisiones consideradas contrarias a los intereses de la comunidad local. En el ámbito sindical y político, también se expresaron preocupaciones por el posible impacto en la recuperación y en la confianza en las políticas públicas, especialmente después del respaldo electoral obtenido por las fuerzas locales.
Por su parte, sectores cercanos al gobierno local admiten que sin recursos nacionales, avanzar en las obras clave resulta casi imposible, lo que puede afectar la percepción de gestión y el apoyo político hacia las autoridades. La situación refleja las tensiones entre los resultados electorales y las decisiones económicas del gobierno central, en un escenario donde las necesidades de recuperación aún piden atención urgente.
