Autoridades reafirmaron que en la operación contra el crimen organizado solo murieron seis agentes y cuatro civiles, en medio de la polémica por su alta violencia.
En una de las operaciones policiales más contundentes en la historia de Río de Janeiro, más de 2,500 agentes participaron en un enfrentamiento contra miembros del crimen organizado, específicamente del Comando Vermelho, una de las bandas más peligrosas del país sudamericano. El operativo, que se extendió hasta la madrugada del 29 de octubre, dejó un saldo de al menos 132 personas fallecidas, según informó la Defensoría Pública de Brasil, catalogando la acción como una “violencia estatal sin precedentes”. El enfrentamiento se centró en áreas vulnerables como las favelas de Penha y Alemao, donde vecinos reportaron la existencia de numerosos cuerpos tras la caída del sol.
El gobernador de Río, Cláudio Castro, aclaró que en la operación solo hubo cuatro víctimas civiles, que eran policías en acción. Castro reafirmó que el resto de los fallecidos corresponden a criminales, resaltando que la cantidad de bajas civiles no refleja un conflicto indiscriminado, sino una acción dirigida contra el crimen organizado. La alta violencia y el uso de fuerzas extremas en estas misiones llaman la atención en un contexto donde el control territorial y la seguridad pública en Brasil siguen siendo desafíos sustanciales. La operación evidencia también la preocupación creciente sobre los métodos utilizados por las fuerzas del Estado en el combate contra las bandas criminales en zonas urbanas vulnerables.
Este evento resalta la complejidad de las estrategias policiales en países con vínculos estructurales con la delincuencia organizada y el impacto social que estas acciones generan en comunidades enteras, poniendo en debate el equilibrio entre seguridad y derechos humanos en Brasil.
