Una operación global busca disminuir la influencia del grupo delictivo, que continúa operando a pesar de los golpes recientes en su estructura.
En una de las operaciones más extensas en años, las fuerzas de seguridad internacionales lograron detener a más de 600 individuos vinculados con el Cártel de Sinaloa. La ofensiva, llevada a cabo entre el 25 y el 29 de agosto, abarcó 23 regiones dentro de Estados Unidos y siete países en el extranjero, con el objetivo de desmantelar las redes de mando y logística del cartel. Los operativos también se tradujeron en la incautación de más de diez toneladas de drogas, millones de dólares en efectivo y numerosa armas de fuego, debilitando las capacidades del grupo.
Este esfuerzo representa un fuerte avance en la lucha contra uno de los cárteles más poderosos de México, que ha operado durante décadas con una estructura compleja y adaptativa. La detención de figuras clave, además de los decomisos masivos, refuerzan la estrategia internacional para reducir el impacto del narcotráfico en la región y el mundo. Sin embargo, especialistas advierten que, pese a estos golpes, la organización continúa sus actividades y se mantiene en funcionamiento mediante diversas facciones y células dispersas.
En el ámbito político, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana del país vecino afirmó que el Cártel de Sinaloa no puede considerarse completamente desarticulado, ya que aún existen líderes y fracciones activos que representan un reto para las autoridades. La captura del histórico líder Ismael “El Mayo” Zambada en 2022, quien colaboró con las autoridades tras su arresto, no ha logrado desmantelar por completo la estructura.
El caso de Zambada, que confesó sobornos a políticos y funcionarios mexicanos, refleja la magnitud de la influencia que aún conserva el grupo delictivo. La cooperación del exlíder con las autoridades estadounidenses busca reducir aún más la operación del cartel, aunque su poder todavía representa un desafío en la lucha contra el narcotráfico.
