Jerusalén, Internacional. – La presunta operación militar estadounidense en Venezuela, liderada por Donald Trump, ha sido interpretada como una victoria estratégica para Israel, al debilitar a Irán, su principal adversario regional. La caída del presidente Nicolás Maduro, según el análisis, priva a Irán de un aliado clave y de una base de apoyo importante en la región.
Analistas como Danny Citrinowicz, investigador del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS), señalan que esta situación representa una pérdida estratégica significativa para Irán en dos frentes: la eliminación de su presencia en Venezuela y la posibilidad de que Israel intente restablecer relaciones diplomáticas en la zona.
El contexto de esta operación coincide con un momento de inestabilidad interna en Irán, marcado por protestas prolongadas contra el régimen de los ayatolás debido a la crisis económica. Informes de la ONG opositora iraní Hrana dan cuenta de manifestaciones en numerosas ciudades, con reportes de fallecidos y detenidos.
Adicionalmente, se menciona que Donald Trump había amenazado con intervenir en Irán si el régimen continuaba reprimiendo a los manifestantes, declaraciones que habrían surgido tras una reunión con Benjamín Netanyahu. La posible intervención israelí en el programa de misiles iraní también se pone de relieve.
La presunta captura de Maduro es vista por funcionarios israelíes como un golpe directo al líder supremo de Irán, Ali Jameneí, y un mensaje contundente. El ministro de la Diáspora, Amichai Chikli, y el líder de la oposición, Yair Lapid, han expresado su apoyo a esta visión, mientras que el primer ministro Benjamín Netanyahu ha manifestado solidaridad con el pueblo iraní y sus aspiraciones de libertad.
La milicia proiraní Hezbollah también se vería perjudicada, ya que su cooperación con Irán y su capacidad de financiación se verían afectadas por la situación en Venezuela, sumándose a los ataques previos de Israel contra sus líderes y posiciones en Líbano.
Desde la perspectiva israelí, el debilitamiento de Irán y Hezbollah fortalecería la posición de Benjamín Netanyahu, tanto en la región como a nivel interno, especialmente en medio de su juicio por corrupción y la gestión de la ofensiva en Gaza. La percepción de amenaza iraní genera consenso en la sociedad israelí, lo que podría favorecer la aprobación de acciones militares por parte de Netanyahu.
