Las medidas reflejan una escalada en la tensión comercial entre las dos potencias, con implicaciones para la economía global y el sector marítimo.
En una jornada marcada por la intensificación de la disputa comercial, China y Estados Unidos implementaron medidas tarifarias recíprocas en sus operaciones portuarias, ampliando así el conflicto económico bilateral. La decisión surge en un contexto donde Beijing anunció restricciones a la exportación de tierras raras, mientras Washington amenazó con aplicar aranceles del 100% a productos chinos, evidenciando la escalada de tensiones.
Las autoridades chinas establecieron tarifas específicas para buques con propiedad, operación o bandera estadounidense, en respuesta a recargos previos. Estados Unidos, por su parte, impuso un gravamen de 50 dólares por tonelada a los navíos chinos, con un incremento progresivo que llegará hasta 2028. La medida estadounidense también contempla exenciones para ciertos barcos, como aquellos construidos en China o en reparación, y contempla posibles acciones adicionales para proteger los intereses nacionales.
Las tensiones se extendieron al ámbito diplomático y empresarial, con Beijing sancionando a cinco filiales estadounidenses relacionadas con la empresa surcoreana Hanwha Ocean, en medio de una investigación sobre la industria naviera china. Las autoridades chinas criticaron duramente los aranceles estadounidenses, calificándolos como una violación del derecho internacional y de los principios de competencia leal, y reiteraron su disposición a defender sus intereses “hasta el final”, sin descartar un enfrentamiento si las circunstancias así lo exigen.
Estos movimientos reflejan una fase más aguda en la rivalidad económica entre ambas naciones, que tiene repercusiones en el comercio marítimo global y en las cadenas de suministro internacionales. La comunidad internacional sigue de cerca estos desarrollos, conscientes del impacto que puede tener en la economía mundial y en la estabilidad política.
