La escalada de protestas, que dejó muertes y daños, obligó a la dimisión de K.P. Sharma Oli y evidenció la tensión política en el país asiático.
En un escenario de tensión política y social, Nepal atraviesa una crisis profunda que culminó con la renuncia del primer ministro K.P. Sharma Oli, tras dos días de intensas protestas que se han convertido en violentas y mortalmente trágicas. La insatisfacción popular surgió principalmente por las movilizaciones de la llamada “Generación Z”, que manifestaba su rechazo al nepotismo, la corrupción y el bloqueo de plataformas digitales, en un contexto donde se registraron al menos 19 muertes y más de 300 heridos en enfrentamientos y disturbios.
La renuncia del líder del Partido Comunista de Nepal (Marxista-Leninista Unificado) se produce en medio de una escalada de violencia que incluyó ataques a viviendas de políticos, incluido un incendio en la residencia de Oli en Balkot que terminó con la trágica muerte de su esposa. También se reportaron incidentes similares en viviendas de otros líderes políticos, incluyendo al ex primer ministro Pushpa Kamal Dahal y ministros del gobierno, con agresiones que evidencian la gravedad del conflicto. Además, la violencia alcanzó el Parlamento, donde centenares de manifestantes incendiaron el edificio, y afectó las operaciones del aeropuerto internacional en Katmandú.
Los ministros del ejecutivo, en su mayoría, han presentado su renuncia en señal de protesta por la respuesta a las manifestaciones y la gestión del gobierno. La policía respondió con uso de fuerza letal y gases lacrimógenos, mientras que las autoridades impusieron un toque de queda en la capital. La tensión social se intensificó por el bloqueo de plataformas de redes sociales, una medida que generó rechazo y movilización juvenil, evidenciando el descontento por la percepción de nepotismo y prácticas autoritarias en el país.
La comunidad internacional, incluyendo la Unión Europea, expresó su preocupación por las muertes y demandó una investigación independiente, además de instar a un diálogo abierto para solucionar las diferencias y proteger los derechos fundamentales de la población. La crisis política en Nepal refleja un momento crítico en su historia reciente, donde las demandas por mayor transparencia y justicia social se enfrentan a respuestas que solo han profundizado la discordia.
