La comparación entre las políticas de Sheinbaum y Chávez revela riesgos crecientes para la democracia mexicana si no se toman medidas preventivas.
En los últimos meses, las similitudes en el curso político de México y Venezuela han encendido debates sobre el rumbo democrático del país. La presidenta Sheinbaum, en momentos clave, ha guardado silencio frente a temas que en otras circunstancias conectarían con la atención pública, reflejando comportamientos que pueden asemejarse a patrones autoritarios ya experimentados en Venezuela hace décadas. La historia venezolana muestra cómo la acumulación de poder a través de la cooptación institucional y la manipulación del sistema político llevó al colapso democrático, experiencias que generan preocupación en el contexto mexicano actual.
A lo largo del tiempo, Venezuela implementó cambios institucionales que facilitaron el control absoluto del poder, desde la militarización del aparato gubernamental hasta la modificación del Poder Judicial, acciones que permitieron el avance de un modelo autoritario. Aunque ambos países comparten ciertos programas sociales y disminución de pobreza, estos logros están bajo amenaza por la sostenibilidad y la calidad institucional. La dependencia del petróleo en Venezuela y de acuerdos internacionales en México representan diferencias importantes, pero en ambos casos, la tendencia hacia la concentración del poder pone en riesgo las instituciones democráticas.
Es fundamental que México tome conciencia de estos antecedentes y refuerce sus instituciones para evitar una deriva similar. La historia demuestra que la pérdida de balances y controles institucionales, junto con la concentración del poder en el ejecutivo, puede socavar la estabilidad democrática en el mediano plazo. La responsabilidad recae en la consolidación de un Estado de Derecho fuerte y en decisiones que prioricen la transparencia y la participación ciudadana, para evitar que la historia de Venezuela sea un espejo del futuro del país.
