El país mantiene una posición entre los menos pacíficos del mundo, con avances leves en un contexto de violencia prolongada y desafíos en seguridad.
México se ubica en la posición 135 de 163 países evaluados en el Índice de Paz Global (IPG) 2025 elaborado por el Instituto para la Economía y la Paz. Con una puntuación de 2.636, el país continúa siendo considerado uno de los más violentos a nivel internacional, aunque presenta una ligera mejora respecto al año anterior, reflejando una tendencia global de reducción en muertes por conflictos internos durante 2024. Este descenso global, sin embargo, no altera el hecho de que México permanece en una situación de riesgo alto debido a la persistencia de conflictos internos.
Dentro de la región de América del Norte y Centroamérica, México se ubica en una posición cercana a la peor clasificación, solo por delante de Honduras y Haití. La evaluación revela que la violencia en México varía según los ámbitos analizados: tiene su peor rendimiento en Seguridad y Protección Social, mientras que en Militarización presenta mejores resultados. La violencia prolongada y la lucha constante entre cárteles de la droga mantienen a México en niveles de alta peligrosidad, un patrón que comparte con países en conflicto crónico, como Pakistán y Filipinas, donde la violencia no cesa y se convierte en una condición estructural del panorama social.
Este contexto de inseguridad tiene profundas implicaciones para las políticas públicas y la estabilidad social. Expertos señalan que, a pesar de ciertos avances en la lucha contra la corrupción y en medidas de seguridad, la presencia y permanencia de grupos delictivos resultan en una escalada de violencia que afecta severamente a la población. La situación actual se refleja también en los niveles de homicidio en estados como Colima, considerado el más violento, y en la tendencia de algunas entidades a experimentar deterioros en sus índices de paz, frente a otros como Yucatán, que destaca por su relativa estabilidad.
El análisis del IPG 2025 ofrece un marco que sitúa la problemática mexicana en un escenario regional y global, subrayando la necesidad de estrategias integrales para reducir la violencia y fortalecer las instituciones. La persistencia de conflictos internos en México no solo afecta la seguridad, sino que también limita el desarrollo económico y social del país, haciendo imperativo abordar este desafío con políticas de largo plazo y cooperación internacional.
