El país presentó una actualización de sus metas para reducir emisiones y fortalecer acciones de adaptación en la cumbre internacional sobre cambio climático.
La Conferencia de las Partes número 30 (COP30), celebrada en Belém do Pará, Brasil, del 10 al 21 de noviembre, representa un espacio crucial para impulsar acciones globales contra el cambio climático. En esta edición, las naciones han renovado su compromiso con el Acuerdo de París, buscando limitar el aumento de la temperatura global y acelerar la transición hacia modelos de desarrollo más sostenibles. La cumbre reúnió a líderes mundiales, científicos, organizaciones internacionales, empresas, comunidades y pueblos originarios, con el objetivo de definir estrategias colectivas para hacer frente a los efectos del cambio climático.
México participó activamente mediante la presentación de su actualización de contribuciones determinadas a nivel nacional, conocida como NDC 3.0. Entre las novedades, incluye por primera vez un apartado dedicado a las pérdidas y daños asociados a eventos extremos, además de ampliar su enfoque en derechos humanos, igualdad y territorios. La secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Alicia Bárcena Ibarra, subrayó la importancia de esta cumbre como un momento de reconocimiento de las realidades climáticas y de responsabilidad compartida, exhortando a asegurar financiamiento efectivo y cooperación internacional.
Aunque México aporta aproximadamente solo el 1.5% de las emisiones globales, su vulnerabilidad ante fenómenos meteorológicos extremos sigue en aumento. Por ello, la nación ha reforzado sus metas con un marco que combina adaptación social y ambiental, buscando potenciar la protección de sus ecosistemas y comunidades. Además de sus contribuciones planificadas, México participó en diálogos multilaterales para fortalecer alianzas, como la iniciativa del Corredor Biocultural de la Gran Selva Maya, un proyecto trinacional que busca conservar uno de los corredores de biodiversidad más ricos del mundo.
El resultado de la COP30 se perfilaba como un paso decisivo hacia una acción climática más ambiciosa y efectiva, en el cual las prioridades de países en vías de desarrollo y vulnerables toman mayor relevancia en el escenario global.
